ADICCIÓN AL ALCOHOL

ADICCIÓN AL ALCOHOL

El alcoholismo es una adicción que produce una fuerte necesidad de ingerir alcohol, de forma que existe una dependencia física del mismo, manifestándose a través de varios síntomas de abstinencia cuando no es posible su ingestión. El alcohólico no tiene ningún tipo de control sobre su consumo, que va en aumento a medida que se desarrolla tolerancia. Se considera como una enfermedad crónica, progresiva y mortal.

 

El alcohol es el tipo de droga más consumida  y su uso está legalizado y socialmente aceptado, hasta el punto de que muchas actividades sociales son difíciles de imaginar sin alcohol: encuentros con amistades, navidades, fiestas nocturnas… Más de 13.000 personas mueren cada año a causa del consumo de alcohol. Según datos del Ministerio de Sanidad, el 78% de los españoles habían consumido alcohol en el último año; el 34%, en el último mes, y el 10% lo consumen a diario.

 

El consumo excesivo de esta sustancia puede tener graves consecuencias para la salud, además de problemas personales y sociales, a pesar de ello, los datos de personas que abusan del alcohol en España es elevado: más de 1.600.000 adultos, de entre 15 y 64 años, consumen alcohol por encima de los niveles considerados como de riesgo, lo que equivale a un 5% de la población. Una persona de cada diez presenta el cuadro típico del alcoholismo: bebe tanto alcohol que pone en peligro su salud, es incapaz de controlar su consumo, y probablemente presenta problemas personales y sociales debido a su abuso.

 

La dependencia al alcohol puede deberse a una predisposición genética, una enfermedad mental, consumo de alcohol de forma abundante, sostenido y abusivo o una combinación de estos factores.

 

Esta enfermedad no solo afecta al adicto sino también a todo aquel que se encuentra a su alrededor. Investigaciones recientes sobre genética y neurociencia han identificado ciertas características genéticas que se cree están relacionadas con la dependencia al alcohol. Los investigadores continúan indagando el vínculo entre la herencia genética y el alcoholismo.

 

Actualmente no existe una posible cura para esta enfermedad, aunque muchos alcohólicos se mantienen sobrios por periodos de tiempo prolongados de acuerdo a su voluntad y compromiso para vencer esta enfermedad.

 

Sin embargo es obvio, que para que un adicto al alcohol pueda recibir tratamiento y llegar a una posible recuperación, primero tiene que aceptar su condición de dependencia.

 

 

FACTORES DE RIESGO

 

Existen una serie de factores que influyen de manera crucial en el desarrollo de una adicción al alcohol.

 

Los más destacables son los siguientes:

 

La herencia

 

Según los resultados de numerosos estudios, las personas que han vivido en un ambiente caracterizado por el alcohol tienen más probabilidades de desarrollar ellos mismos esta adicción.

 

Aunque este dato se apoyaba en las teorías de aprendizaje/educación los últimos estudios han demostrado el gran peso de la hipótesis genética, que sostiene que la presencia de ciertos genes aumentaría de manera significativa  la predisposición de un individuo a desarrollar conductas adictivas como el alcoholismo.

 

Los factores psicológicos

 

En muchos casos el paciente utiliza el alcohol para huir de emociones, tales como: las emociones negativas como la ansiedad, la tristeza, la soledad, la baja autoestima o la ira, muchas veces se encuentran en el origen y mantenimiento de esta enfermedad.

 

El consumo de alcohol proporciona al paciente una sensación placentera que debería conseguir realizando actividades de su agrado como leer un libro o ver una película, disfrutar de la compañía de familiares y amigos, practicar su afición favorita…

 

Sin embargo no todos los casos son iguales y el consumo de alcohol puede deberse a otras razones, algunas personas emplean el alcohol con frecuencia para acompañar las emociones positivas (como celebraciones, reuniones con amigos, salir de fiesta, etcétera). La tolerancia social ante el consumo excesivo de alcohol en estas situaciones refuerza estos comportamientos inadecuados y con el tiempo y la reincidencia el   “bebedor ocasional” corre un riesgo importante de convertirse en un alcohólico.

 

 

Las relaciones sociales y el consumo de alcohol

 

Las malas relaciones con la pareja o la familia, los problemas económicos, la presión de los amigos, etcétera, pueden actuar también como desencadenantes o continuadores de la dependencia alcohólica. En este sentido, algunas personas también comienzan su patrón de consumo para superar los problemas que tienen al relacionarse con los demás, como la timidez o la falta de habilidades sociales (por ejemplo, beben para sentirse más desahogados a la hora de conocer a una persona o integrarse en un nuevo grupo), así como para enfrentarse a alguien a quien no saben cómo expresar algo que les molesta.

 

 

SÍNTOMAS

 

Para establecer que una persona es alcohólica debe presentar alguno de los siguientes síntomas de forma continuada durante un tiempo:

 

Deseo intenso de beber alcohol.

 

Falta de control sobre el consumo de alcohol, tanto a la necesidad de empezar a beber, como a la incapacidad para suspender o reducir este consumo.

 

Tratar de ocultar la conducta a las personas de su entorno.

 

Síndrome de abstinencia cuando no se consume, caracterizado por un malestar físico intenso que la persona intenta aliviar bebiendo.

 

Necesidad de consumir mayor cantidad de alcohol para lograr los mismos efectos.

 

Lapsus o lagunas en la memoria.

 

Abandono progresivo de otras fuentes de placer.

 

Descuido del aspecto personal,

 

Disminución del rendimiento laboral o académico, o el empleo de mucho tiempo para conseguir alcohol o recuperarse de sus efectos.

 

El consumo de alcohol persiste con independencia de sus consecuencias físicas (como el daño hepático o la desnutrición), psicológicas (depresión, ansiedad), del deterioro cognitivo, o de las repercusiones que tenga sobre la actividad laboral, las relaciones familiares y sociales.

 

 

 

TRATAMIENTO

 

El uso de  medicamentos y conductuales, especialmente cuando se usan a la vez, son elementos importantes de un proceso terapéutico general que a menudo comienza con la desintoxicación, seguida por el tratamiento de deshabituación y la prevención de las recaídas.

 

La disminución de los síntomas del síndrome de abstinencia debe ser un factor importante al iniciar el tratamiento, mientras que la prevención de las recaídas es esencial para mantener los efectos del mismo.

 

En ocasiones, y al igual que con otras enfermedades crónicas, los episodios de recaídas pueden requerir que el alcohólico repita etapas anteriores del tratamiento, aunque no es obligatorio. Un cuidado continuo que comprenda un régimen de tratamiento individualizado, que cuente con  todos los aspectos de la vida de la persona puede ser esencial para lograr y mantener exitosamente un estilo de vida sin alcohol. Este cuidado engloba servicios médicos y de salud mental, así como el seguimiento terapéutico realizado en el centro.

 

Los medicamentos ayudan a suprimir los síntomas del síndrome de abstinencia durante la desintoxicación. Sin embargo, la desintoxicación con ayuda médica no es en sí un tratamiento sino que es el comienzo en el proceso de tratamiento. Los pacientes que se someten a un proceso de desintoxicación con ayuda médica pero no reciben tratamiento conductual, muestran patrones de abuso de drogas similares a aquellos que jamás fueron tratados.

 

 

Los medicamentos ayudan a restablecer la función normal del cerebro, previenen las recaídas y disminuyen los deseos de consumir alcohol.

 

Existen tres medicamentos aprobados por la FDA para el tratamiento de la dependencia del alcohol: naltrexona, acamprosato y disulfiram. Existe un cuarto medicamento, el topiramato, que está arrojando resultados alentadores en estudios clínicos. La naltrexona bloquea los receptores de opioides que participan en los efectos gratificantes del consumo de alcohol y en el deseo vehemente de beber. Reduce la recaída al abuso del alcohol y es muy eficaz en muchos pacientes, pero no en todos, lo cual posiblemente se deba a las diferencias genéticas.

 

El tratamiento conductual ayuda a los pacientes a que se comprometan con el proceso del tratamiento, modifiquen sus actitudes y comportamientos relacionados con el abuso del alcohol y aumenten sus habilidades para llevar una vida más saludable.

 

Estos tratamientos también ayudan a mejorar la eficacia de los medicamentos. El tratamiento de la adicción al alcohol se puede llevar a cabo de forma ambulatoria o  por medio de ingreso durante el periodo de desintoxicación.

 

 

 

 

 

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